El escrutinio de la segunda vuelta presidencial en Brasil avanzaba este domingo 25 de octubre con una diferencia estrecha entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Con cerca de la mitad de las urnas contabilizadas, Lula obtenía 50.27% de los votos válidos y el senador, 49.73%.
La distancia era de 0.54 puntos porcentuales, mientras quedaban votos por contar. Por ello, las cifras parciales todavía no definían quién ocuparía la Presidencia de la mayor economía latinoamericana.
Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato. Flávio Bolsonaro, de 45 e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, aspira a devolver a su familia al poder. El senador llegó al balotaje tras superar al mandatario en la primera ronda; los sondeos previos anticipaban un empate técnico.
La jornada electoral tuvo una extensión de dos horas en todo el país por decisión judicial, luego de reportes sobre problemas para llegar a los centros de votación. La medida generó reacciones entre simpatizantes y complicaciones durante el cierre de casillas y el inicio del conteo.
Lula había denunciado dificultades en el transporte público de varias ciudades, entre ellas Salvador de Bahía y otras localidades del noreste. En São Paulo, dijo a periodistas: “Nadie puede dejar de votar porque algún empresario sinvergüenza o algún alcalde de mala calaña, bandido, intentó impedir que el pueblo votara”.
La campaña de Bolsonaro también pidió más tiempo para votar en municipios del sur y sureste, donde las lluvias intensas dificultaron los traslados.
La economía y la seguridad concentraron buena parte de las propuestas. Lula defendió sus programas sociales y los avances en inflación y desempleo, aunque enfrenta cuestionamientos por el costo de vida y la inseguridad. Bolsonaro prometió reducir el gasto público, endurecer las medidas contra la delincuencia y elevar el poder adquisitivo de los hogares.
“Llegó la hora del cambio”, declaró el senador tras votar en Río de Janeiro. Añadió: “Brasil no aguanta cuatro años más de la manera en que está, la vida de todo el mundo empeoró”.
El precio de los alimentos también pesó entre los votantes. Tereza Cristina Ramos, jubilada de 68 años, comentó a AFP en Río de Janeiro: “Estamos en un pozo, la situación está fea, el pueblo casi no puede comer, comprar carne ya ni pensarlo”.
La elección podría incidir en los vínculos diplomáticos y comerciales de Brasil con Estados Unidos. Su presidente, Donald Trump, ha mantenido relaciones políticas con Jair Bolsonaro; consultado sobre la votación, dijo que su gobierno seguía su desarrollo.
Durante la campaña, el equipo de Lula acusó a Meta —dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp— de beneficiar a su rival mediante una supuesta manipulación algorítmica. La empresa rechazó la acusación.
La definición presidencial quedaba pendiente del conteo de los votos restantes y de los resultados que difundieran las autoridades electorales.