Por Rafael Cárdenas Aldrete y Jesús Chávez Marín
La posada de diciembre llegó con el frío entrando por una ventana y el repique distante de una iglesia. Para él, aquella noche debía traer recuerdos de un amor nacido entre gestos dulces, besos y promesas.
Pero la celebración cambió el rumbo de su vida. Ella apareció después acompañada por otro hombre, mientras el arroz caía sobre la pareja. El hombre que esperaba quedó inmóvil ante una escena que no había imaginado.
Con el paso de los años, conserva la herida y evoca los momentos felices que compartieron. La ausencia también pesa por los hijos que nunca llegaron.
Ahora transcurre sus días en soledad, rodeado por la algarabía de otros niños. Entre naranjas, cañas y dulces de temporada, la antigua ilusión vuelve cada diciembre.